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"Jesús siempre termina resucitando, en cambio el pobre Carles..."

Domingo de Repuigdemont

Escrito por Juan Carlos Aragón

Domingo, 01 Abril 2018 12:00
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Siempre vi con hipercríticos ojos el evangelio del independentismo catalán, no por desacuerdo —siempre defendí el derecho de autodeterminación— sino porque tenía la asertiva certeza de que tanta movida iba a terminar entre rejas, silencios, rabias y llantos. Siempre advertí que para que un independentismo contase con apoyo internacional necesitaría unas circunstancias que en Cataluña no se daban. Siempre temí que el independentismo catalán pusiera en bandeja el rearme nuclear y la resurrección del franquismo, latente en el azul y efervescente en el naranja. Siempre adiviné que bajo el lazo amarillo y las burguesas bufandas no se escondían fusiles de asalto. Siempre temí que hicieran el ridículo ante el mundo, Spain y ellos mismos, que es lo más doloroso. Y todo lo que siempre vi, defendí, advertí, temí y adiviné, coño, así resultó.

Los mismos que celebran y se burlan del fracaso del Procés votan o mantienen al gobierno más corrupto de Europa. Y no me refiero solo a sus rivales políticos, sino a los ciudadanos de a pie, a esos pobres españoles muchos de los cuales llevan a gala ser del Barça “porque el Madrid era el equipo de Franco”. Estos son los que llevan meses haciendo y rulando chistes y memes sobre el independentismo, los mismos que vituperan que en España no hay presos políticos sino políticos presos, sin darse cuenta de que el orden de los factores no altera el producto; o dándose cuenta, los muy cínicos: depende del grado de analfabetismo público o concertado que hayan padecido. Son los mismos que, de momento, no lamentan que, en lo que ellos llaman “su nación”, no sólo se estén reabriendo viejas heridas, sino que se estén provocando heridas nuevas, de las que no cicatrizan, ni con la porra ni con la palabra.

Al igual que muchos catalanes cuentan con la desgracia de ser españoles, muchos españoles cuentan con la desgracia de no ser catalanes y, por tanto, de no saber contemplar la realidad desde la trágica óptica contraria. Aunque geográficamente yo me sitúe en la parte no catalana de la pandereta, moralmente cada vez me encuentro más al norte. No defiendo el martirio, pero menos aún a los que lo causan. El movimiento había retrocedido. Estaba sacando una tímida y soberbia bandera blanca. O beige. Pero es igual: el “enemigo” estaba tocando retirada. ¿Era necesario ahora, justo ahora, todo esto? ¿Pretende acaso Llarena ser el Garzón de la ultraderecha? ¿Otro mesías que viene a devolverle a España la paz y la unidad… en vez de la decencia?

Es agotador asistir diariamente a la normalización del vandalismo político, lo que antes llamábamos corrupción, pero que ya es de tal grado que ha superado incluso el propio término con el que se la definía. Y venga telediarios. Y otra tanda de carruseles informativos (o lo que sean). Y otra tertulia de pijas y calvos. Y otro chorreo de articulismo mediático. Y otro sálvame. Y otro púdrete. Si en los libros de historia le contaran a los niños cómo es España de verdad seguro que estudiaban más para poder buscarse la vida bien lejos de aquí. Unos estremecidos ante un paso y otros estremecidos por dar un paso, o por no haber dado los que faltaron por dar… El resto, los que ni paso, ni patria, ni lazo, ni ley, perplejos mirando un partido de tenis entre mancos.

Muchos de los que están aburridos de la causa catalana repiten y recrean la causa cristiana, la del cirio y el capirote, y de esa no se aburren. Quizá porque la suya tiene final feliz cada año, y la otra, ni tiene final y, si me apuras, ni siquiera causa. Pero ambos, cada uno a su manera, cumplen la misma función social: redimirnos de la realidad a través de la novela histórica y la de ficción llevada al circo nuestro de cada día. Esta Semana Santa, el impacto por la detención de Carles me ha distraído de la de Jesús. Además, el nazareno siempre termina resucitando. En cambio, el pobre Carles creo que ya está mutilado de por vida. Ojalá no. Ojalá esté España llena de cristianos de verdad y cambien su libertad por la de todos los Barrabás que siguen vacilándonos a pelo, sin profilaxis.

Ya que no es posible la revolución —y menos entre tanta gente que se acojona con solo oír la palabra— hágase pues la resurrección, que parece más sencilla, no compromete a nadie y no hay peligro de que te detengan, porque no es fuga, sino huida, pero huida en la dirección contraria a la que por defecto se sobreentiende: hacia adelante. Dicho de otra manera, aquí ya no queda más que lo que alcancemos con nuestras manos, y ahí van muchos de nuestros sueños. Para convertirlos en realidad, solo hace falta una mañana soleada, una melodía que taladre, una arena desierta y un dolor que se aleje. ¿Adónde quiero llegar? Permítanme esta vez que me limite a limpiar mi casa y mi futuro, a quitar fetiches inútiles de en medio, a despejar el mayor número posible de caminos y a divorciarme de quienes me quieran llevar por el suyo. Aleluya.

JUAN CARLOS ARAGÓN

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La Torre de Preferencia de Juan Carlos Aragón

Juan Carlos Aragón opina ahora en ElDesmarque. Poco amigo de lo políticamente correcto, este profesor de filosofía y reconocido autor del Carnaval de Cádiz promete remover conciencias con sus artículos cada semana como hace cada año con sus agrupaciones en el Gran Teatro Falla.

El nombre de su blog: La Torre de Preferencia, todo un emblema del cadismo y del propio Juan Carlos. Si le da rienda suelta, la polémica está servida.

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