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Juan Carlos Aragón, en "un día contado" de "un mes elegido"

Rumba de primavera

Escrito por Juan Carlos Aragón

Domingo, 14 Mayo 2017 13:21
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La primavera ha venido y nadie sabe cómo ha hecho, que dicen muchos por aquí aunque ni rime. Ni falta que les hace porque, en contra del mito, la primavera no es un poema, ni siquiera una estación, sino un verso libre sobre días sueltos que, cuando llegan, parece que la Tierra comienza de nuevo, la juventud regresa a los corazones y el futuro queda tan lejos que ni los verbos se conjugan en ese tiempo invisible. Solo el estruendo de una jodida rotaflex espanta el encanto en el horizonte abierto de La Cortadura. El derecho al trabajo entra en litigio con el derecho a la fortuna de nacer dos veces.

Los rostros de los hombres brillan con la esperanza de una vuelta a la naturaleza, mientras los perfiles del pecho de las mujeres rebosan fértiles de luz y buenaventura. Los gobiernos desaparecen. El único estado posible es el vuelo de las aves, la abundancia de fresas, los brazos abiertos, los labios calientes, la alegría esperando, la paz en los cristales, la dirección de la playa. El levante se fue y con él la pobreza del barrio. El dinero pierde su importancia en virtud de la sonrisa. La luna aguarda en el bar del espacio a que el sol se canse en el ejercicio de su discurso, para gobernar ciudades y campos según el pacto de la noche moruna.

Insoportables de euforia los imberbes, abandonan las consolas de la vejez prematura con gritos y saltos de placer incontenible. Las primeras comuniones no se reciben de blanco sino con el traje de gala de la piel desnuda, y cambian el cuerpo de Cristo por el de la mujer y el hombre. La música suena sola en el número áureo de los amantes. La festividad de la raza no necesita vino que se derrame, ni familia que la convoque, ni platos repletos, ni helados comunes.

Un día de primavera es una vida eterna sin dios que la prometa ni mandamientos que la pongan en peligro. Vale volver a nacer con veinte años en medio de la calle caliente, de la brisa violeta que serena el compás de las trenzas y los rizos. No hay lugar en el pensamiento para la historia, los cañones y las plegarias. Es la fiesta de las barquillas sobre la espuma, sin tambores ni vírgenes del Carmen que presidan la diáspora marina bajo los adolescentes cirros blancos. Y en la orilla la virtud aguarda al río de la inteligencia que vuelva a dar el nombre exacto de las cosas. Ni los ángeles soportan la falta de gravedad del mundo en primavera, el paraíso exclusivo de nuestra raza. Los labios henchidos por la hormona de la promesa incondicional marcan el ritmo de las danzas urbanas, entre el telón azul del perihelio descubierto y el que está a punto de inventarse. De este día solo sobran las pistolas y las máquinas, los obreros del terror y los proxenetas de la técnica. Bosteza el mal de aburrimiento.

Las canciones fluyen tan anchas que no llegan enteras a las voces ni caben en los diecinueve trastes de las estrechas guitarras. Los columpios se mueven solos y las piedras de las torres crecen y maduran como árboles eternos. Dios ni se asoma a una tierra que gira como ella manda. La tinta seca no da para la palabra. El broche de los collares resbala sobre la suavidad excesiva de las vértebras impares. El pan cuelga de las varas del trigo y la fruta roja estorba en las manos de los pobres.

La primavera no es tanta. Son los días contados de los meses elegidos. Días que no están en rojo porque desafían al patrón, al domingo y al truco de la fiesta señalada. No se puede más de manzanas maduras y alientos de hierbabuena. Las barbas en remojo, la riqueza olvidada en el fondo de los bancos. Las murallas sin centinelas descansan al fin de vigilia y temblores. Cerrad los libros hasta mañana que hoy no hay lección más sabia que la esperanza dictada por la cátedra de la claridad. Los necios para el invierno. Los llantos para el otoño. Los ruidos para el estío. Lo demás para hoy.

EL RUBIO (con la musa en el balcón)

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La Torre de Preferencia de Juan Carlos Aragón

Juan Carlos Aragón opina ahora en ElDesmarque. Poco amigo de lo políticamente correcto, este profesor de filosofía y reconocido autor del Carnaval de Cádiz promete remover conciencias con sus artículos cada semana como hace cada año con sus agrupaciones en el Gran Teatro Falla.

El nombre de su blog: La Torre de Preferencia, todo un emblema del cadismo y del propio Juan Carlos. Si le da rienda suelta, la polémica está servida.

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